miércoles, 30 de julio de 2014

¿DE QUIÉN ES LA VÍA?

Ocurrió esta semana, casi nos atropella y fuera de eso nos insultó como si fuéramos sus peores enemigos. Nosotros por el contrario, dos ciclistas en nuestra ruta matutina, pedaleando -lo más a la derecha posible- y quienes estuvimos ´a punto de ver la luz en el túnel´ por culpa de este cavernícola.
Lo anterior me llevó a reflexionar… ¿de quién es la vía pública? Y me lo pregunto porque al parecer pertenece a todos, menos a las personas (automóviles, taxis, constructoras, vendedores, etc.).
Ya no podemos caminar, ni trotar y mucho menos montar en bicicleta. Nos toca irnos de Bucaramanga para poder hacerlo. Somos desplazados y victimas de nuestro propio invento, una ciudad construida para los autos y las motos; sin autoridad, donde impera la regla de la supervivencia.
Sacamos pecho y decimos: somos la ciudad bonita y cordial; pero lo cierto es que, no somos ni lo uno, ni lo otro. De que nos sirven los altos índices de crecimiento, si en este desmedido desarrollo, en lo último que pensamos es en nosotros mismos. ¡Hemos perdido nuestra ciudad hermosa!
Yo recuerdo a mi Bucaramanga de niño, en esta ciudad podíamos caminar y jugar protegidos por la sombra infinita de los árboles. Era muy común encontrarnos con nuestros compañeros camino al colegio y ´los venados y cazadores´ estaban regados por todos los barrios, sin el temor a ser atropellados o robados.
“La tranquilidad y seguridad era total y los espacios públicos pertenecían a la gente”.
¿Qué paso entonces con esta ciudad? En mi opinión perdimos nuestro don de gente y nuestro respeto por el ciudadano; y si a esto le sumamos la funesta planeación de los administradores públicos y la corruptela de los curadores urbanos, solo nos queda esperar el caos.
Es posible que en sus mentes estén pensando: “Yo viviré en un conjunto cerrado, con toda la tranquilidad y seguridad que necesito”. ¿Pero, y las demás personas que no puedan hacerlo?
Los invito a que me acompañen a rescatar la Bucaramanga bonita y cordial.
¿Cómo? Siendo un ciudadano digno de aplausos: el que respeta a la persona de su lado, el que no atropella al ciclista y el que cuida su entorno. Tengo la seguridad que entre todos podemos hacerlo y que cuando empecemos con nuestras acciones de ciudadanos de bien; la sonrisa y la admiración que recibiremos, serán nuestra mayor recompensa.
Acotación: Nosotros los dueños de las bicicletas contaminamos menos, desgatamos en menor grado las vías y pagamos impuestos. ¡Por eso también tenemos derechos!
Fotografía por: Mujeres Bici-bles

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