jueves, 19 de mayo de 2016

LA MAMBA NEGRA

Cristina se mira en el espejo… ve que sus ojos verdes ya no son tan verdes, están enrojecidos y dilatados. La luz del bombillo parpadea, falla, se da cuenta que su piel deja ver sus venas verdosas y llora, está devastada. El ambiente es lúgubre y desordenado (hace frio), pero es el sitio en donde Cristina pasa la mayoría de sus horas, ya es un ritual. Mientras tanto, yo puedo sentirla, puedo verla; Cristina piensa y yo la escucho, ella tiembla y yo la percibo, es como si yo estuviera al lado opuesto del cristal y no me viera, soy testigo de su vida, de su dolor, de su angustia y no puedo ayudarla. ¡Le grito!
- En qué momento me dio por pedirle la renuncia, por qué no intuí lo que me podía pasar ¡Dios mío! cómo voy a salir de esto. Si tan solo pudiera devolverme en el tiempo nunca lo hubiera hecho; me arrepiento, me arrepiento, me arrepiento.
El pecado de Cristina fue haberse metido con uno de los mozos de la “Mamba Negra”, si la Mamba. Cubierta de una piel de cristal que irradia resplandor, la Mamba posa de impoluta en todos los círculos sociales y los domina. La Mamba es territorial, experta del camuflaje y extremadamente rápida; tanto que, las personas a su lado son hipnotizadas por su dulzura y nunca sospechan de su picadura venenosa y letal.
- Hola Julito ¿cómo estás… qué tal Patricia? me la saludas… - Susanita, ¡carajo! hermoso vestido… - Hola Miguelito, si supieras lo que te pensé hoy.
Es obvio, que escuchar a Cristina durante todos estos días, se me ha convertido en un momento de tensión que produce hervor en mis entrañas; verla destrozada y apabullada, me hace perder la razón, más aún, si la comparo con la diabólica Mamba.
- Mamá, hoy en el colegio me dijeron que tú eras una ladrona, me lo dijo Mateo.
- Mi amor, no creas en todo lo que te dicen, en el mundo hay gente muy mala que se cree con el poder de destruir vidas; pero mira, aquí estamos los dos y siempre estaremos unidos.
- Mamí, ¿pero es cierto lo que dicen?
- Claro que no mi vida, yo hice lo que tenía que hacer. Ven, más bien deja de pensar en cosas que no debes; y camina te invito al parque para que juguemos con Teo.
- Si, si con Teo, hoy le enseñaré a recoger la pelota. (Abrazos y sonrisas).
Sacada del mismísimo infierno, la protagonista de esta historia ha logrado lo que nunca esta sociedad ha podido ver: es casada con uno de los hombres más nobles y ricos de la región, vive y viste como una princesa, y para complementar su arsenal, es editora del mejor periódico de la ciudad (su particular herramienta de agresión). La única forma de descubrir a la Mamba, aparte de ser atacado y picado por su letal veneno, es estar muy atento cuando habla; la destructora de vidas a la vez que gesticula deja entrever el color negro dentro de su boca; que es un matiz fétido y fúnebre que le dio origen a su alias de perturbadora “La Mamba Negra”.
La policía no se asoma, ni que hablar de un médico; la muerte por la picadura de esta víbora es lenta y dolorosa pero imperceptible.
- A ver Ortiz, cuénteme bien: ¿fue que la Mamba picó a Cristina?
- ¡Claro! No ve que una vez fueron amigas, bueno, compañeras cercanas, pero, cuando la Mamba se dio cuenta que Cristina había echado a Ernesto  de su trabajo, decidió acabarla.
- Ernesto… claro, él era el novio de la Mamba.
- No, la Mamba tenía su prometido en la capital, Ernesto era su mozo de fin de semana.
- Virgen santa, mejor me persigno.
Babosas negras enturbiaban la charca. En medio de la confusión Cristina había tomado la decisión de quitarse la vida, no quería saber de su situación, ni de su exilio, tampoco de su aspecto flaco y ojeroso… la Mamba había hecho su trabajo. ¡No lo hagas! te imploro y le pego muy fuerte al vidrio - pero no me ve, ni me oye –. No es tu culpa, fue la Mamba, ella y sus columnas deshonrosas; no creas que no eres capaz, tú no hiciste nada malo, la perniciosa hace así su trabajo; resiste. Y siento que me parto la mano.
A partir de aquí, todo se enrareció. No volví a oír a Cristina, ni a verla; no supe si logre persuadirla de cometer tal error o si sucumbió al veneno de la Mamba. Tal vez nunca lo sepa. Dicen que “el pecado y el castigo son lo mismo” y si es así, pues que ´rico´ destino le espera a la Mamba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.