miércoles, 2 de noviembre de 2016

VANGUARDIA ANTI-LIBERAL

Desde la infancia me enseñaron a leer asiduamente el periódico Vanguardia Liberal, y no fue una imposición, más una exaltación, que mi padre con su ejemplo impuso en mi corazón. Recuerdo en detalle verlo disciplinado en sus madrugadas, siempre religioso, tomando su café mientas abría el periódico: “Informarse es de un ser pensante y quien no lo hace pierde el derecho a la crítica” me hablaba. A partir de ese momento - temprano en mi vida - me volví lector habitual del informativo de mi región y al igual que mi viejo, no pasan las 7 de la mañana cuando ya he repasado las páginas del diario. Debo confesar que siempre me ha asombrado su enorme material de información, así como su ecuanimidad en la manera de presentar los sucesos, apreciando su estilo distinto y elegante.
Esto aconteció hasta enero 1 de 2016. A partir de ese día, cuanto más sondeo el periódico, más disminuye el motivo de mi admiración. El diario no pasa de ser una galomanía de la Administración municipal y la objetividad de sus noticias me parece, ahora, más mentira que verdad. El estilo se me hizo insoportable. Su silencio de tumba sobre las inconsistencias de la Alcaldía demuestra una forma servil del periodismo; y se puede decir: su lenguaje tiene un sentido adulador que no respeta el balance informativo y por el contrario es visiblemente lesivo a los intereses comunes.
Muchos temas que eran desarrollados y analizados en hondura pasaron a ser tratados con superficialidad. Ya no hay espacio para la reflexión y la crítica. La lectura atenta y meditada de sus editoriales, me lleva cada vez más, a tirar el periódico al suelo. Solo con Rodolfo Alcalde, milagrosamente la participación ciudadana exalta la política con opiniones y cavilaciones diferentes; solo con Rodolfo Alcalde, la meritocracia es un hecho de movilidad social e igualdad de oportunidades; solo con Rodolfo Alcalde, la ciudad se expresa en su goce estético y en su carácter diverso y democrático. Pamplinas.
Lo cierto es, lo triste es; que hoy Vanguardia Liberal está orientada por un dedo que le rinde pleitesía a la demagogia, que encumbra sus fracasos con una cantidad concentrada de mentiras y que enaltece su incapacidad con rimbombantes frases de triunfo. Entre tanto, el merito es casi indistinguible del amiguismo o el nepotismo, la movilidad social se quedó embotellada en la deficiencia del SITM y quienes están gozando de la ciudad son los anarquistas.

Colofón: Será que la trapicería del Partido liberal no le permite sosegar su odio y por tanto perdió la capacidad imprimir su línea con criterio progresista e informativo.

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