miércoles, 5 de julio de 2017

CINISMO


La creciente divergencia entre la filosofía engaña pingos del Alcalde Rodolfo Hernández y sus acciones de gobierno han ocasionado que esta administración haya perdido su norte moral; si es que alguna vez lo tuvo. Sus mañas y falsas estrategias de comunicación terminan en una antilingua que algunos resumen en nada más que idiocia.
Resulta irónico que la respuesta adecuada a una ya desgastada clase politiquera sea una propuesta menos sofisticada. Con perdón, pero ¿a quién se le ocurre nombrar en propiedad a un gerente en Metrolínea sin conocimiento y experiencia en transporte? No solo eso ¿a quién se le ocurre argumentar que el sistema lo que necesita es un ingeniero que termine con las obras? Tres pinches obras…
Sobra el apuro de sustituir los falsos mensajes con palabras que expresen la simple verdad: volvieron a saltarse el proceso meritocrático; gobiernan con sus amigos al igual que en el pasado, solo que hoy en día, no se toman en cuenta los manuales de funciones y faltan a los requisitos; y para agravar esta crisis de escrúpulos, desconocen a los miembros de la Junta Directiva sin siquiera presentarles la hoja de vida del postulado para sus consideraciones.
Las opiniones y los formadores de opinión debemos actuar como un hecho diferenciador en un periodismo desenfocado. La manipulación mediática esconde la verdad de lo que está pasando, lo que significa y lo que es más probable que suceda a continuación. Metrolínea S.A. es una empresa quebrada en causal de disolución y sus cifras así lo confirman: $200 mil millones en fallos judiciales y laudos perdidos en última instancia, $100 mil millones más por definirse, sumrían $300 mil en total que seguramente tendremos que pagar; $53 mil millones en pérdidas acumuladas en el ejercicio de operación; $121 mil millones en deudas de los operadores imposibles de honrar y un concesionario de recaudo declarado en Ley de Insolvencia hace tres años así lo demuestran; 4 millones menos de validaciones entre los años 2015 y 2016; 205 mil kilómetros programados de menos promedio/mes en los últimos 7 y una presunta integración improvisada con el sistema que prometieron corregir son hechos contundentes que no auguran nada bueno.

No es ninguna sorpresa, entonces, que los retóricos se escuden en historias imaginarias, máximas o dichos comunes que en verdades para respaldar con argumentos sus monumentales embarradas. Al final cuando queramos dar marcha atrás nos encontremos en un punto de no retorno, situación altamente preocupante que se convertirá en un hecho más costoso que la corrupción por robo que tanto escupen y resaltan como el gran logro. Solo piénsenlo.

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