domingo, 22 de octubre de 2017

NO MÁS DESGOBIERNO


“En un mundo en el que no se sabe a quién creer, el fanfarrón y el mentiroso pueden resultar tan convincentes como el que más”.
Seamos escuetos. Los ciudadanos nos acostumbramos a vivir esperanzados en el globo que proyectan los eslóganes que nos imprimen las mentes de los mercaderes políticos: - “Ciudad Sostenible” - “Gobierno de los Ciudadanos”. Pero ni el uno, ni el otro representan la realidad; por el contrario “Bucaramanga al Garete” encajaría más en la actualidad de la ciudad bonita. Y bonita fuimos cuando predominaba el don de sus gentes y el verde de sus árboles, para que apuntar otros aspectos.
Este sentimiento ciudadano se traiciona aún más cuando la primera autoridad del municipio se expresa en términos maximalistas, como quien dice, ejerce un mandato de impacto en virtud por el cual la gestión de un buen gobierno es sustituida por el sensacionalismo y la difamación. El hecho queda probado en su rutinaria alocución: “Hable con el Alcalde”; he aquí, en su mismo entorno, cuando el ingeniero Rodolfo Hernández reduce el lenguaje político a su mínima expresión producto de sus propias fuerzas centrifugas y los amargos indicadores de ejecución evidenciados entre otros, por el programa Bucaramanga Cómo Vamos.

Fácil sería responder en sus mismos términos y manifestar al señor del desgobierno que no amedranta a nadie con la articulación de su lengua tripera; que en cambio, cuando falla en el lenguaje público y la deliberación deja de ser posible, es cuando la confianza general se descarrila y las instituciones empiezan a caer en barrena, como su Alcaldía.
Entonces, es el momento de abandonar los excesos, dejar la política de confrontación y entrar en los linderos de la política del consenso. ¿Qué se necesita? Una nueva forma; una clase de liderazgo que establezca una administración práctica y realista de manera que se pueda ganar la batalla material e ideológica; se requiere de la sinceridad, la calma y la paciencia inagotable de la conferencia y la persuasión, claro está sin dejarse desviar de los principios básicos del buen dirigente. Al fin y al cabo nuestra sociedad es, en buena medida, un cuerpo viviente del lenguaje público, así que cuando cambia la retórica, también varía su población y su estructura.

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