domingo, 1 de abril de 2018

EL SILENCIO AGAZAPADO DE MANOLO




Se pudiera escribir casi un libro; el fiasco y la arrogancia de Manuel Francisco Azuero da para todo.

Dícese que en un tiempo existió un joven columnista que con sus investigaciones y opiniones francas tumbaba alcaldes deshonestos. Que su inteligencia precoz y olfato lo hacían destacarse inclusive entre sus homólogos mayores, y que bajo su batuta, el periodismo cumplía con su función: la de informar objetivamente y desenmascarar corruptos. “Me voy a trabajar con Rodolfo Hernández a la Alcaldía, en su despacho, como jefe de gabinete y Consejero para la Gobernanza”, expresó Manuel Francisco cuando reveló sus nuevos rumbos a toda su fanaticada. Los ciudadanos y lectores aplaudieron, lo vitorearon, “llegó el cambio y florecerá la esperanza” dijeron; el nuevo Jefe de la Gobernanza encarnaba el espíritu del bumangués de bien.

No obstante, desde sus inicios todo marchó mal. Manolo como es su seudónimo de prócer, aceptó ser el vasallo del mismísimo personaje que tanto había denunciado, del Ingeniero, quien hábilmente logró detectar su debilidad por el poder y se lo otorgó, para callarlo. Ni siquiera alcanzó a posesionarse bien, descubierto por el Administrador de Empresas, Manuel Parada, el ‘estandarte’ de la pureza se saltó los requisitos del nombramiento y agachó su moral por primera vez, al instante mismo de haber entrado en las lidias que tanto criticaba.

Nadie se atreve a discutir sobre él, pero yo si; reúno las fuerzas para hacerlo de sus propios ataques y vetos, y me exijo ser lo más limpio posible para no entrar en sus propias charcas. Se creyó y fungió como Alcalde, se tomó el Salón de Gobierno, mandó, nombró, despidió y hasta visó los comunicados del mandatario; siempre ha entrometido su nariz en las decisiones más desacertadas de gobierno: fue el artífice del traumático Pico y Placa sectorial que apabulló con las utilidades de un año de los comerciantes del centro y genio y figura hasta sepultura, implementó el denominado “urbanismo táctico” que ni es urbanismo, ni es táctico. Pero eso no es lo peyorativo: lo más vergonzoso del Jefe de la Gobernanza es su apoyo acurrucado al fraude más escandaloso que haya ocurrido en esta ciudad, la ‘ligereza’ de Vitalogic.

Rentista de una ambición desmesurada optó por la salvaguardia del Alcalde y sus ‘corretajes’ antes que abandonar su lugar de gobierno. Azuero quien tiene el alcance a todos los documentos, de hecho los fabrica, no se parece nada al que existía antes, ahora es apestoso, huele a corrupción y es oscuro. Él mismo ha malgastado su credibilidad. Quienes fueran sus seguidores hoy lo repudian, por cobarde, por falso. Haber intentado eliminar el registro de sus opiniones en Twitter demuestra que es un cualquiera sin sombra que solo busca la estancia de poder, aunque eso signifique traicionar la fe de quienes creyeron en su pluma. Manuel Francisco Azuero hoy es sinónimo de traición y deshonra.

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